‘Política, manual de instrucciones’ tal vez haya sido uno de los documentales más esperados y con mayor repercusión mediática que se recuerdan en el Estado español. No hay que olvidar que el documental por lo general es un género cinematográfico que en nuestro país no goza de todo el reconocimiento que merece. Pero en este trabajo al que nos referimos se juntaban dos variables que aseguraban el interés del respetable: por un lado, en la dirección, Fernando León De Aranoa, uno de los mejores –si no el mejor- cineastas españoles en activo; por otro lado, el gran fenómeno político de los últimos dos años y medio, Podemos.

Ambos elementos confluyeron en esta idea de documental que muestra los entresijos de cómo el partido liderado por Pablo Iglesias fue creciendo. El mérito está en que León de Aranoa cuenta el funcionamiento interno de la formación política sin filias, sin fobias, sin partidismo, sin amiguismo, sin retratos panfletarios de por medio, sin homenajes, sin cartas blancas…

El director de películas tan mágicas y memorables del cine español como ‘Los lunes al sol’, ‘Barrio’ o ‘Familia’ se lanzó a esta aventura de dirigir un documental guiado por influencias como las de Robert Drew –grabó ‘Crisis: behind a presidential commitment’-, quien reflejó como Kennedy podría gestionar un contexto de crisis.

Más allá de destripar los enigmas internos y personales de los miembros de Podemos, el documental sirve como paradigma -aplicable a otros casos- de cómo funciona la política, de cómo se actúa para irrumpir ante los partidos tradicionales o de cómo la fuerza de la estética y la imagen acaba por invadir parte de las premisas de contenido político. Fueron semanas y semanas de grabación en las que el equipo de León de Aranoa filmó absolutamente todo, lo que generó incluso una serie de incomodidades en los protagonistas del documental, que a veces se sentían observados en exceso por las cámaras.