Mucho ha llovido ya desde esas películas maravillosas de gánsteres protagonizadas por actores tan geniales como Edward G Robinson. ‘Hampa dorada’ o ‘Scarface’ –en su versión dirigida por Howard Hawks- sentaron las bases del género de films de mafiosos bañados en el mejor cine negro estadounidense e inspirados en el aroma de la mejor novela negra.

Por supuesto, luego llegó la saga de ‘El Padrino’ y la perfección se hizo cine y todo el mundo cayó rendido a los encantos y el misterio que el cine de gángsters albergaba; Francis Ford Coppola alcanzó los cielos con su trilogía, memorable en sus dos primeras partes.

Fue el gran Martin Scorsese el director que quiso nutrirse de los encantos más extraordinarios del género. Y así, irrumpió en la gran pantalla el gángster por naturaleza, Joe Pesci. Insuperable es su interpretación en ‘Goodfellas’ –traducida como ‘Uno de los nuestros’-, aunque en Casino estaba igual de inconmensurable.

Tampoco nos podemos olvidar del idilio cinematográfico que surgió entre Scorsese y el actor Robert De Niro, uno de los vínculos más importantes que ha dado la Historia del séptimo arte. Ya aquella mítica ‘Taxidriver’ nos adelantaba en sus últimos minutos de cinta que los gánster tenían hueco en el corazón narrativo de Scorsese.

La pócima mágica del director neoyorquino incluía en su retrato de los gangsters italoamericanos canciones de los años cincuenta y ritmos de grupos de doo wop, trajes y sombreros de mafiosos, luces y contrastes inquietantes, un reparto con actores cuyos rostros llegaban a inocular el miedo en el espectador, mujeres fatales y caóticas que sembraban las distancias y los desequilibrios entre los hombres poderosos, armas blancas y disparos pero sin abusar de ellos, guiones redondos e inquebrantables, etcétera.

Más tarde llegaría ‘Gangs of New York’, capaz de mostrar al espectador el universo de la mafia en el siglo XIX. No hay duda de que las películas sobre la mafia no pueden entenderse sin el sello del gran Martin Scorsese.